Fábulas de la Fontaine (Javier Herrera Cardozo. Bogotá, septiembre 2015)

La lectura de fábulas se ha dejado no solo solo en la escuela, sino en la familia. A continuación, estas frases que nos invitan a la reflexión y a rescatar los valores ciudadanos:

fabula

La hormiga no es prestamista: es es su menor defecto.

-¿Qué hacías en el buen tiempo?- preguntó la pedigüeña.

-No quisiera enojaros-contestole-, pero la verdad es que pasaba cantando cantando día y noche.

-¡Bien me parece! Pues, mira: así como entonces  cantabas, baila ahora  p.17.

…el adulador vive siempre a costas del que le atiende…p.19.

Lleno está el mundo de gentes que no son más avisadas. Cualquier ciudadano de la medianía se da ínfulas de gran señor. p.21.

…advirtió que el Perro tenía en el cuello una peladura.

-¿Qué es eso?-preguntole.

-Nada.

-¡Cómo nada!-

-Poca cosa.

-Algo será.

-Será la señal del collar a que estoy atado.

-¡Atado!, exclamó el lobo: pues ¿qué?  ¿No vais y venís a dónde queréis?

-No siempre, pero eso, ¿qué importa?

-Importa tanto, que renunció a vuestra pitanza, y renunciaría a ese precio el mayor tesoro. p.24.

El problema de hacer tratos con gente mala, ventajosa y de pocos principios. Esto le sucedió a la ternera, la cabra y la oveja cuando pactaron con el león:

-Somos cuatro para el reparto -dijo, despedazando a cuartos el ciervo, y hechas las partes, tomó la primera, como rey y señor.
No hay duda -dijo- en que debe ser para mí, porque me llamo León. La segunda me corresponde también de derecho; ya sabéis cuál derecho, el del más fuerte. Por ser valeroso, exijo la tercera. Y si alguno de vosotros toca la cuarta, en mis garras morirá. p.27.

Cuando es mejor estar con algunas limitaciones, pero sin problemas como el ratón de campo.
¡Buen provecho te hagan tus regios festines! no los envidio. Mi pobre pitanza la engullo sosegado, sin que nadie me inquiete. ¡Adios, pues! Placeres con zozobra poco valen. p.29.

Más es lo ganado que lo perdido, porque ya no hay que hablar de bodas. Cualquiera de vosotras que escogiera, querría hacerme vivir a su gusto y no al mío. p.31.

¡En cuántas juntas yreuniones pasa lo mismo! ¿Hay que deliberar y discutir? Por todas partes surgen consejeros. ¿Hay que hacer algo? No contáis ya con nadie. p.34.

Si das algo a quien no lo merece, lo llorarás siempre. p.36.

…el enemigo más temible suele ser el más pequeño (…) después de vencer los mayores peligros, sucumbimos a veces ante el menor obstáculo. p.39.

…no conviene a todos obrar de la misma manera. p.41.

Muchas veces puede sernos útil la persona más insignificante. p.42.

Paciencia y constancia consiguen a veces más que la fuerza y furor. p.43.

…no hay gusto mayor que engañar al engañoso. p.45.

Muchas veces, quien trata de engañar a otro, se engaña a sí mismo. p.48.

La añagaza más astuta es a veces la ruina de quien la inventó. La perfidia se vuelve con frecuencia contra el mismo pérfido. p.50.

Hay personas que quieren que se haga algo porque ellos ya lo hicieron, les fue mal y quieren ocultarlo. Esto le ocurrió al zorro que perdió su cola.
-Bueno es el consejo-dijo uno de los de la junta-, pero haced el favor de volveros, y se os contestará. p.52.

Zapatero, a tus zapatos; ¿por qué me metí a herbolario, si no soy más que cortante? p.54.

¡A cuántos hemos visto que por querer hacerse ricos, de la noche a la mañana, han quedado sin blanca! p.55.

Más vale maña que fuerza: lo que no pudieron violencias y furores, lógranlo suavidad y dulzura. p.58.

No llega más pronto quien más corre: lo que importa es partir a buena hora. p.59.

En la corte, no seáis ni aduladores insulsos ni habladores imprudentes; y si os veis en algún aprieto, haceos el sueco. p.63. Esto hizo el zorro cuando el león le preguntó que si su casa olía mal: no puedo decir nada porque tengo un fuerte resfriado y no puedo oler nada.

¿Quién no se hace ilusiones? ¿Quién no construye castillos en el aire?(…) cuando estoy a solas, soy tan valiente que desafío al más bravo (…) Pero, a lo mejor, cualquier accidente me vuelve a la realidad…p.66.

Debemos prestarnos mutua ayuda. p.67.

A veces nos llaman voces muy cariñosas; pero no hay que fiar de ellas: muchas veces acierta quien desconfía. p.69.

Deja que huya: no te rías de mi indocilidad, que me pone en guardia cuando me llaman con tanta cortesía. p.70.

…soltar lo que tenemos en la mano, con la esperanza de atrapar mejor presa, es gran imprevisión. p.71.

Imprudencia, charla, tonta vanidad y vana curiosidad, son primas hermanas: todas proceden del mismo tronco. p. 75.

No digáis nunca: “oíd este chiste; escuchad este caso portentoso” ¿Quién sabe si a los que os atiendan les caerá en gracia? p.76.

¿Y no conviene también guardar parte de la presa para mañana? No hay más remedio, pues, que alimentarlos, sin que se escapen.¿Cómo? cortándoles los pies. p.78.

No encontró nada qué comer, y este mal fue peor que el otro, pues tuvo que ayunar, y al fin, morir de hambre. p.80.

…es de cuerdos desconfiar de los desconocidos. p.82

Quien fija demasiado la atención en el peligro, suele caer más pronto en él. p.85.

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