A leer bien y con profundidad (Javier Herrera Cardozo)

En la universidad la comprensión de un texto se logra con la lectura a profundidad. Son muchos los cursos de lectura rápida que ofrecen algunas instituciones y los padres convencidos de su efectividad, matriculan a sus hijos para que aprendan a leer rápido los textos que los docentes asignan. Todo sea por el beneficio que presta la lectura en la educación.

Con respecto a estos cursos, que aumentan la eficacia lectora en algún porcentaje, hay una anécdota que resalta la importancia de asegurarse si desarrollan o no la comprensión. Se refiere al comentario hecho por el actor Woody Allen luego de realizar un curso de lectura rápida: “Es fantástico. Leí Guerra y Paz en veinte minutos-dijo entusiasmado-. Trata sobre Rusia” (Claxton, 2001, p.132).

Aunque no se puede desconocer que a partir de ellos se corrigen malos hábitos como el “pronunciar palabras” mientras se lee, postura incorrecta del libro y al leer, y las repeticiones (Campayo, 2009). Pero, ¿en realidad al realizar este tipo de lectura están comprendiendo el contenido y es efectiva cuando se trata de abordar un texto en la universidad?

Y es que cuando un estudiante entra a la universidad el tipo de lectura e incluso de escritura es diferente, puesto que ingresa a una cultura discursiva en donde se exige producción y análisis de textos, para aprender la disciplina específica (Carlino, 2009). Lo anterior implica que el estudiante para comprender un texto, más que terminarlo rápido, necesita rumiarlo, interrogarlo, subrayarlo e incluso re-crearlo (Vásquez, 2000).

Por otra parte, la promocionada lectura rápida, a cambio de la comprensión, estaría generando e incluso aumentando el fenómeno de nuestro siglo: la lectura fragmentada. Esto ocurre cuando se piensa que hoy hay más lectura porque se leen muchos correos electrónicos y se escribe más, porque se responden; pero la realidad es otra: se está desplazando la afición a la lectura y la escritura porque los “textos no se leen a profundidad como antes: se leen por encima y se consumen de forma breve y fraccionada” (Wolf, 2011, p.40).

Además, la lectura y la escritura en la universidad como afirma Carlino (2009) busca que los estudiantes indaguen, aprendan y piensen en su carrera. Es decir que un estudiante de cualquier carrera (medicina, enfermería, psicología, administración, etc.) debe interiorizar los conceptos y expresarlos en el lenguaje propio de la carrera. Ello significaría abordar la lectura con mucha atención, detenerse y reflexionar sobre su contenido.

Lo anterior no se podría realizar a partir de una lectura rápida, porque su meta es terminar el texto en el menor tiempo posible. Pero, ¿en qué momento el estudiante aclararía el vocabulario, realizaría los ejercicios propuestos, indagaría otras fuentes para profundizar sobre el tema y anticiparía lo que va a pasar más adelante en el texto?

Más aún: si en la universidad un texto no se lee a profundidad, los estudiantes estarían condenados al fracaso escolar o verían cómo a pesar de la rapidez que leen, su rendimiento académico no mejoraría porque no comprenderían el contenido. Incluso ingresarían a las filas de la “generación despistada” que genera el tipo de lectura y escritura fragmentada en la que viven inmersos (chats, correos, mensajes instantáneos, etc.) (Wolf, 2011).

Para finalizar, hay que tener claro que en la universidad para comprender un texto y ser exitoso en una carrera no basta con tener una lectura rápida, sino tener la capacidad de sentarse por horas para abordar el texto a profundidad y sin ninguna distracción. Esto en un ambiente agradable, el celular apagado y con el computador como apoyo para sus consultas, en lugar de utilizarlo solo como un contestador de mensajes.

REFERENCIAS

Campayo, R. (2009). Curso definitivo de lectura rápida. España: EDAF.
Carlino, P. (2005) Escribir, leer y aprender en la universidad: Una introducción a la Alfabetización académica. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
Claxton, G. (2001). Aprender: el reto del aprendizaje. Barcelona: Paidos.
Vasquez, F (2000). Oficio de maestro. Medellín: Pontificia Universidad Javeriana.
Wolf, C. (2011). El beneficio encubierto de leer. Mente y cerebro, 47, 36-41.

Javier Herrera Cardozo
Docente de lectura y escritura
Fundación Universitaria Sanitas-Bogotá-
Bogota, 2012

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