LEER Y ESCRIBIR EN LA UNIVERSIDAD: UN PROBLEMA SINGULAR. Javier Herrera Cardozo. Bogotá, 2 de noviembre de 2009

¿Cuántas veces los docentes de las diferentes carreras universitarias han dado el grito en el cielo porque sus estudiantes “no saben escribir. No entienden lo que leen. No leen”? (Carlino, 2005).  Pero,  ¿será que en todos esos  “no” se están reflejando también las voces de nuestros estudiantes?  ¿O acaso estamos cerrando  nuestros oídos a sus verdaderos clamores: “los docentes no enseñan a escribir, no explican los conceptos claves en sus disciplinas, no preguntan por la bibliografía que  registran”?  

profesor libro

Las clases sólo expositivas y entregar bibliografía para fotocopiar siguen en la universidad

Preguntas como las anteriores nos hace plantear Paula Carlino en su  libro Escribir, leer y aprender en la universidad: Una introducción a la alfabetización académica, publicado por el Fondo de Cultura Económica de Argentina en el año 2005.  La autora sugiere que esa constante queja sobre el problema de la lectura y la escritura en la universidad debe abordarse como algo especial y además “indagar de qué modo estamos implicados los docentes, las situaciones didácticas y las condiciones institucionales en las dificultades que “encontramos” en los alumnos” (pp. 1-2)

También, pone en evidencia dos problemas en la enseñanza habitual en la universidad (aclaro que se refiere al caso de Argentina, en Colombia habría que investigarlo); se trata de  las clases expositivas  y  comunicarle al estudiante solo una porción de lo que deberían saber.  Con referencia al primero, es una invitación a los docentes a recuperar la didáctica de cada disciplina en las clases.   En cuanto al segundo,  les recuerda  que el saber valioso adquirido dentro de la comunidad académica como los modos de “indagar, de aprender y de pensar en un área de estudio” (p. 5), es decir la forma específica de abordar la lectura y la forma de escribir en la disciplina que se orienta deben transmitirse al estudiante. En otras palabras: es necesario realizar alfabetización académica en cada área del conocimiento.

 En los tres primeros capítulos de los cuatro que contiene el libro, Paula Carlino presenta  las experiencias trabajadas en clase con sus estudiantes.  Todas están enfocadas al desarrollo de la escritura, la lectura y a otra forma de evaluar las materias en la universidad.  Veamos cuales son:

 1. Elaborar de manera rotativa la síntesis de la clase.  Primero la  realiza el docente para que los estudiantes tengan un modelo.

 2. Realizar tutorías para escritos grupales. Presenta como ejemplo la monografía y los criterios que se deben entregar a los estudiantes para la realización de la misma.

 3. Prepararlos para el examen. Consiste en entregar a los estudiantes una lista de preguntas del tema o temas a evaluar, los criterios de corrección y realizar una evaluación simulacro antes del examen

4. Dar respuesta escrita a las preguntas sobre la bibliografía. Como en toda materia se entrega una bibliografía al inicio, se trata de elaborar tres preguntas por texto “que apunten a  lo que los estudiantes no pueden dejar de entender” (p.48) es decir, a las ideas más importantes sobre la materia.

 5. Leer con ayuda  de guías.  Consiste en destinar un tiempo de clase para poner en común el análisis bibliográfico que han debido realizar-previamente se han entregado las preguntas que permiten a los estudiantes enfocar el análisis del texto hacia las ideas nucleares de la cátedra- y para explicar allí donde sea necesario.

 6. Resumir para uno mismo.  Se trata de trabajar “el concepto de resumen vinculado al de lectura como proceso interactivo” con el fin de comprender lo leído (p.80). Ese resumen el estudiante lo puede presentar para revisión del docente y utilizarlo en la evaluación.

 7. Reescribir el examen consiste en  entregar una lista de 30 preguntas varias semanas antes del examen, de entre las cuales, saldrán las efectivamente formuladas el día de la evaluación. Luego, entregar los criterios que se emplearán para calificarlo.  Y por último, proponer que en el examen los estudiantes produzcan un borrador previo al texto que deben entregar. Éste se retroalimenta por parte del docente.  Vale anotar que esta actividad se puede realizar con un número reducido de estudiantes (unos veinte).

 8. Leer y escribir para presentar una ponencia oral. La actividad se realiza en grupos de tres.  Los estudiantes seleccionan de la bibliografía un tema y durante  cuatro semanas  preparan una exposición pública, mediante una “jornada  abierta” para profesores y estudiantes de otras materias.  Allí presentan sus ponencias de veinte minutos ante un auditorio genuino.  Una vez realizada la jornada se evalúa según los criterios establecidos entre el docente y los estudiantes.

profesor papeleo copia

Evaluamos escritos pero no les enseñamos a escribir

En el cuarto capítulo la autora finaliza su libro exponiendo diez nociones generales que provienen de los marcos teóricos acerca del aprendizaje, las prácticas lectoescritoras disciplinarias y la enseñanza reflexiva convertida en investigación-acción, no sin antes insistir que la enseñanza de la lectura y la escritura en la educación superior es una “responsabilidad compartida” entre los docentes, las instituciones y los estudiantes (p.180).  Sería interesante abordar cada una de ellas y reflexionarlas en nuestra labor docente. Las diez nociones son:

  1. Nadie aprende por recepción pasiva.
  2. Nadie aprende de una vez y para siempre, necesita, en cambio, abordar recursivamente los mismos contenidos y efectuar  ajustes paulatinos.
  3. Nadie aprende una disciplina solo; necesita entablar un diálogo con quienes ya participan en las comunidades disciplinares.
  4. Nadie aprende por imposición sino únicamente si se interesa en hacerlo y si confía en sí mismo para lograrlo.
  5. Resulta inevitable cierto grado de desajuste entre las expectativas del docente y el punto de vista de los alumnos, pero es preciso que los profesores ofrezcan medios para intentar acercar ambos.
  6. Leer y escribir son procesos intelectuales que se dan dentro de ciertas prácticas sociales. Existen herramientas para aprender dependientes de modos culturales de hacer cosas con el lenguaje.
  7. En tanto miembros de una cultura académica, los docentes participan de sus prácticas como si éstas fueran naturales. Pero para los alumnos no lo son y, muchas veces, su desorientación proviene del carácter implícito de las expectativas de los profesores.
  8. La autonomía no es sólo un rasgo de maduración biológica, que pueda exigirse a los adultos en cualquier contexto. Es también una capacidad que se adquiere para cierto ámbito cuando alguien está familiarizado con las prácticas que allí se llevan a cabo.
  9. Es importante tener en cuenta el punto de vista de los alumnos, pues es imprescindible en toda enseñanza que se preocupa por el aprendizaje.

10.  Para desarrollarse profesionalmente como docente y para mejorar la enseñanza, se precisa tomarla como objeto de análisis. Un profesor reflexivo utiliza como alternativas  la enseñanza investigativa y la investigación sobre la acción.

Finalmente, el texto nos deja muchos aportes a tener en cuenta en las universidades Colombianas para tomar el problema de la lectura y la escritura como algo único y serio a tratar, pero a partir de un trabajo en conjunto entre: la administración de la institución, los docentes  y  los estudiantes. También, abre la posibilidad de plantear algunos interrogantes como  ¿valdría la pena una reflexión  en  Colombia sobre el tema de la enseñanza de la escritura y la lectura en la universidad tomando los referentes que plantea Paula Carlino?  ¿Los docentes universitarios están alfabetizando académicamente a sus estudiantes  o existe un rechazo a ocuparse de la lectura y la escritura en este nivel? ¿Cómo son evaluados los estudiantes por los docentes?  ¿Además de leer,  escriben los docentes de las universidades colombianas? 

 BIBLIOGRAFÍA

 Carlino, P. (2005) Escribir, leer y aprender en la universidad: Una introducción a la alfabetización académica. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Las imágenes presentadas fueron tomadas del documento “los pecados capitales de los profesores”  del profesor Aquiles Priamo. Universidad de los Andes, Bogotá-Colombia. Noviembre 18 de 2004. El documento se puede consultar en:

http://temasmatematicos.uniandes.edu.co/Seminario/index.htm

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4 Responses to “LEER Y ESCRIBIR EN LA UNIVERSIDAD: UN PROBLEMA SINGULAR. Javier Herrera Cardozo. Bogotá, 2 de noviembre de 2009”


  1. 1 relojes de moda junio 10, 2013 en 8:54 pm

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    • 2 pedagoviva junio 27, 2013 en 2:24 pm

      Apreciado seguidor:

      Gracias por su comentario. Es un compromiso para seguir trabajando en la educación.

      Un abrazo,

      Pedagoviva

  2. 3 Nancy Valazza octubre 31, 2013 en 7:33 pm

    excelente, me sirve mucho gracias


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